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 Nota facilitada por: Rocío




 

GRACIAS RUMANÍA

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
04 de mayo de 2007

Sola en el avión, de regreso a casa desde Rumanía; escala en París, muchas reflexiones, el corazón entre algodones y un poco adormilado después de tal borrachera de amor. Cinco días de cariño, apoyo y ternura recibidos en Bucarest no son para menos. Satisfecha lo recuerdo contigo, sin falsas modestias.

Acogida por cientos en el aeropuerto, mi llegada es sintonizada por una increíble cantidad de televidentes. Los fans me dan regalos, cartas, recuerdos para Constanza. Orgullo por México y por mí misma.

Les cuento que mi participación en el equivalente de Bailando por un Sueño, el programa más visto de la televisión rumana, obtuvo lo que ellos llaman el Minuto de Oro, es decir, el minuto con más sintonía en lo que va del año.

Las instalaciones de los estudios ACASA —los más grandes en toda Europa del este—, son realmente espectaculares. Cuentan con personal acostumbrado a trabajar en cine y televisión de alta calidad (no por nada muchas producciones mundiales han escogido este lugar para sus filmaciones, antes que a México).

Con lágrimas en los ojos, recibo el cariño de los miles de seguidores en nuestro encuentro en un centro comercial de Bucarest, en una ciudad en la que, si hay sol, la gente enseguida va al campo.

Cada día robamos un poquito de tiempo, Otto y Florín, el equipo de seguridad que me acompañó, me revelan algo de esta gran ciudad: La Casa del Pueblo, construcción realizada bajo el régimen de Ceausescu, está considerada —después del Pentágono—, el segundo edificio más grande del mundo. Impresionante símbolo del final de un régimen que empezó bien y terminó en una revolución, apenas 17 años ha, sacrificando miles de vidas. Y sin embargo, Rumanía está firme, con esperanza.

¡Tanto que aprender y sin tiempo para hacerlo!, sólo el que queda para gozar, sentir y respirar el gran cariño.

Gracias, gracias Rumanía, por compartir conmigo tanto, por llevarme en sus corazones, por aprender a hablar español con las telenovelas mexicanas.

Ser actor es hermoso, ser actor es llegar a muchos rincones del mundo, ser actor significa compartir la vida e incluso, a veces, la muerte.

Como con Estefanía, quien fuera la presidente de mi club de fans en Italia y pidió ser enterrada con una foto mía en el pecho. Ser actor entretiene, provoca sonrisas, esperanzas, y aún sin saberlo, a veces algo más.

Gracias a cada país que ha hecho a México suyo. Gracias a cada una y cada uno por hacerme suya, porque me conocen como si fuéramos la misma sangre, saben mis gustos, alegrías e influyen en mis desilusiones, porque con ustedes y frente a ustedes soy yo misma, sin temores, natural, porque me han dado tanto amor que aun en los momentos más difíciles, sé que no estoy sola, porque somos una hermosa familia de amigos en más de 30 países.

No hay palabras para explicar, cómo transmitir el amor que siento, cómo celebrar el amor incondicional en el que son correspondidos, lo mismo Daria, de Italia; Patri, de Argentina, O Karen, de Estados Unidos, porque el cariño simplemente se siente.

En mi corazón, en cada uno de mis pensamientos, en cada una de mis decisiones, ustedes están presentes siempre.

Gracias, pues en cada una de sus cartas siento sus besos, su apoyo, y mientras tanto, me lleno de ustedes con nostalgia y optimismo, ¡besos!

Un breve parpadeo: me entero con pena en el periódico joven (a los 90 años) que la columna Pulso Político, de Francisco Cárdenas Cruz, nos deja. ¡Pupici! ¡Pupici! ¡Pupici!

El Universal (04 de Mayo de 2007)
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