Make your own free website on Tripod.com
Ir a Principal

   N O T A   

 Nota facilitada por: Rocío




 

LA COTIDIANIDAD, EN NUESTRA QUERIDA CAPITAL

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
24 de mayo de 2007

Al igual que varias personas interesadas en una película, me encontraba en la fila para comprar boletos. En un parpadeo, se acercaron un par de chicas guapas con piercing y tutú (disque muy cool) y bastó otro leve parpadeo para que dos señores les compraran sus boletos.

¡Viva el poder femenino! Total, sin ninguna molestia, ellos entraron primero que la mayoría de quienes esperábamos turno.

A la salida del cine, enfilé para disfrutar de una buena cena. Circulaba por el carril de la izquierda y de repente, un señorcito con teléfono móvil en mano, desde el sendero central viró a la izquierda. La consecuencia: lo embestí.

Nunca quiso entender sus faltas: un clásico corte de circulación e ir hablando por teléfono. Me hizo perder alrededor de hora y media. Ya la aseguradora se encargará de él.

En un alto, el más doloroso panorama: en el camellón, varios chavos. Una niña de escasos 11 años amamantaba a su hijo mientras los otros limpiaban parabrisas o vendían chicles o dulces.

Mi mente los transportó a una escuela con maestros comprometidos con sus alumnos, donde aprendían de nuestra historia y algunas habilidades para ser mejores. En cambio, en la calle, sin disciplina, sin perspectivas, estarán predestinados a repetir una generación más sin ideales colectivos y con escasas posibilidades de sobrepasar la mayoría de edad.

LA MAÑANA SIGUIENTE lucía esplendorosa, con un calor moderado que invitaba a caminar. Antes decidí ir de compras, la despensa no podía esperar.

Aproveché para hacer valer un servicio que adquirí por adelantado, por anualidad. La dependienta me dijo que estaba obligada a realizar una compra, pues tenía tiempo que no me paraba por ahí. “Aunque sea un pequeño lápiz labial”. Le recordé la prohibición que existe en el sentido de condicionar una compra a la adquisición de otro producto y más cuando existía ya un pago de por medio. Después de 15 minutos, mis argumentos no fueron válidos. Ella insistía en que viera su computadora, en la cual aparecía la orden descrita, mientras yo, contrato en mano, le pedía me señalara en él la aberración. Terminó dándome la espalda, como si yo fuera una persona sin razón. Me retiré con ese mal sabor de boca que deja la frustración. Sí, la frustración de vivir en una ciudad donde incluso las calles están expropiadas por franeleros avalados y protegidos por vaya a saber usted qué autoridad. Así comienzan las mafias.

En el trayecto de regreso, comprobé que el pueblo de México no es flojo... es laborioso. Observé decenas de gentes trabajando en el comercio informal; lo que me preocupó es que muchos de ellos venden pirata, robado o de contrabando, lo cual fomenta la creación de mafias que controlan esa actividad, el incremento de la corrupción y de la mano de obra descalificada.

Además, se evade el pago de luz, de impuestos y, algo grave para el futuro, todos esos mexicanos no tendrán acceso a la seguridad social cuando estén en la edad del retiro. De pilón, le han dado un nuevo respiro al corporativismo, que en nada colabora con la democracia que pretendemos alcanzar.

Una lectura de infancia sacude mi memoria. Víctor Hugo, con esa pluma magistral, capaz de conmover hasta las conciencias de niños de ocho años, sigue aquí presente retratándonos al otro lado del Atlántico —una centuria después—, vivo, lacerante. Quién es el Jean Valjean, quién el inspector Jaubert, quién juega a la pequeña Cossete en nuestro México del siglo XXI. Sosteniendo la respiración, sólo espero que las recientes cifras del INEGI no nos entreguen más Fantines, o será que la mayoría del pueblo mexicano nos estamos transformando en los cínicos Thernardie y dentro de todo esto, quién será el que con amor nos rescate, quién será nuestro monseñor.

UN BREVÍSIMO PARPADEO: una de las causas por las que el PAN perdió las recientes elecciones en Yucatán fue que su candidato, Xavier Abreu, manejó los recursos públicos destinados a los afectados por el “Isidore” de una manera clientelar y condicionada. Esto me lo contaron en Mérida hace dos meses. ¿De qué se asombran?

OTRO BREVE PARPADEO: prosigue la violencia en contra de las mujeres, la tortura, detenciones arbitrarias, el uso excesivo de la fuerza y procedimientos judiciales sin garantías. Fracasaron las acciones para esclarecer las violaciones del pasado y procesar a los responsables. Estas afirmaciones son parte del informe 2007 de Amnistía Internacional (AI). ¿Cómo pretendemos legitimar un Estado democrático con tales violaciones a los derechos humanos?

El Universal (24 de Mayo de 2007)
    H O M E P A G E