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 Nota facilitada por: Rocío




 

LA SOCIEDAD CONTRA LA PROSTITUCIÓN INFANTIL

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
14 de junio de 2007

La prostitución infantil no es una vergüenza reciente, un mal de la globalización. Ha existido durante siglos. Ni la Ilustración o el advenimiento de los estados de derecho, ni la difusión de los valores o los derechos humanos han exterminado la plaga de la prostitución infantil. Es más, la crisis económica de 1977 en Asia y la caída del muro de Berlín intensificaron el problema de este negocio multimillonario.

Otro factor fundamental en el crecimiento de la prostitución infantil es externo a los países y obedece al aumento de viajeros que a causa de diversos motivos visitan otra nación por un corto periodo y que por lo tanto evaden con facilidad cualquier proceso de la justicia.

La prostitución infantil es la utilización de un niño en actividades sexuales a cambio de una remuneración económica o cualquier otra forma de retribución (según el Protocolo Facultativo de la convención sobre los Derechos del Niño).

Al ser una actividad demandada e ilícita, se convierte en el jugoso negocio del tráfico de niños con fines sexuales que el mismo protocolo explica así: el tráfico consiste en todos los actos que implican el reclutamiento o transporte de personas adentro o entre fronteras, implica engaños, coerción o fuerza, esclavitud por deudas o fraude, con el propósito de colocar a las personas en situaciones de abuso o explotación, tales como la prostitución forzada, prácticas de tipo esclavista, golpizas o crueldad extrema, trabajo en condiciones de explotación o servicios domésticos explotadores.

La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño considera al niño como una persona menor a los 18 años cumplidos. Desafortunadamente, esto no aplica a cabalidad, pues depende del criterio de las leyes nacionales que por lo general tienen otros límites de edad. Por ejemplo, en algunos países las mujeres obtienen la mayoría de edad al contraer matrimonio y por lo tanto no son protegidas hasta los 18. Sería una gran aportación de la diplomacia mexicana promover y obtener en la ONU que todos sus miembros se obliguen a proteger y reconocer la edad de consentimiento de la niñez hasta los 18 años.

Los menores utilizados provienen esencialmente de los cinturones periféricos y de las zonas marginadas de las grandes urbes, sin olvidar a los niños que escapan de casa por diversos motivos (violencia, desintegración, abandono, etcétera). Personas adictas a las drogas son las encargadas de reclutar a las víctimas para los traficantes.

Aunque también se ha detectado que, sobre todo en los países desarrollados, la juventud de clase media se prostituye para aumentar sus ingresos económicos; el consumismo es delirante.

Los menores que caen bajo el control de esas mafias tienen escasas posibilidades de salvarse; o son vendidos al extranjero o asesinados, o mueren de una sobredosis o congestión alcohólica; sólo unos cuantos son liberados por la policía. Y para éstos el futuro son traumas síquicos y físicos.

Algunos números hielan la sangre. Tenemos más de 600 millones de viajes turísticos al año; aproximadamente 20% de quienes los realizan reconocen que busca tener relaciones sexuales en su travesía, de los cuales, 3 millones admiten tendencias pedófilas. En Estados Unidos y Canadá se prostituyen más de medio millón de menores; en Asia son obligados a la prostitución cerca de un millón.

Se calcula que en el año 2000 más de 50 mil niños prostituidos murieron contagiados de sida. Más o menos 80% de los explotados sufrieron abuso sicológico o físico en sus familias.

Entre 100 y 200 dólares se venden las niñas traídas de Centroamérica a nuestro país. 5 mil de los 10 mil niños de la calle que hay en la ciudad de México han sido utilizados para realizar películas pornográficas o para introducirlos a la prostitución de homosexuales.

Casi imposible es, saber la cantidad de niños que son explotados por la industria del sexo; a la fecha no se ha desarrollado una metodología que nos permita acercarnos a esta cruel verdad; su posible incremento o disminución cuantitativa dependen, además, de factores como la moda del tema, los escándalos, la conciencia sobre su trascendencia o la voluntad de informar.

Lo que es cierto es que existen millones de niños explotados comercialmente en la prostitución.

Pese a ello, en México se ha detectado prostitución infantil en 22 estados, o sea, en 70% del país. Esto puede ser traducido como un arraigo de esta vomitiva actividad ante la indiferencia de los gobiernos. Más de 30 mil niños mexicanos son víctimas de la explotación sexual y en su mayoría ejercen la prostitución en zonas turísticas. 80% son niñas de entre 10 y 14 años (Fundación Nacional de Niños Robados y Desaparecidos).

Esos menores ven truncado su derecho a disfrutar su niñez y es casi seguro que tendrán y tienen consecuencias serias, de por vida, en su desarrollo físico, moral y social. Es sabido el poco éxito de los programas de rehabilitación, desde el punto de vista que se impida que el niño prosiga en la prostitución y el de su integración a una vida socialmente estable.

Juan Miguel Petit, relator especial sobre venta de niños, prostitución y pornografía infantil, concluyó después de visitar varios estados de la República que en la sociedad mexicana existe la conciencia de que las instituciones estatales no están aún capacitadas para enfrentar la realidad de esta lacra; no obstante, ya se percibe un reconocimiento de los gobernantes sobre la gravedad del problema. “Con políticas públicas elaboradas hace 20 años no se pueden solucionar problemas de hoy, que además se encuentra en constante mutación”. No se puede quedar la solución en el mero asistencialismo, se requieren políticas eficaces que ataquen el problema de raíz.

Comparto las afirmaciones del funcionario de la ONU; la sociedad entera debe participar en la solución del gravísimo problema de la prostitución infantil, no es sólo un problema jurídico o moral, tiene múltiples dimensiones y a ellas se deben de abocar las políticas públicas con el apoyo decidido de la sociedad civil. ¡No envenenemos más a nuestra niñez y juventud! En la reforma del Estado se debe contemplar el desarrollo económico que sea base para una sociedad más justa, con una mejor distribución de la riqueza y menos asistencialismo.

Un breve parpadeo: en el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el periódico joven, a los 90 años, publicó en primera plana la noticia de que casi una cuarta parte de los 27 millones de jóvenes del país no estudian ni trabajan y, lo más alarmante, 5 millones tienen pocas oportunidades de engrosar la Población Económicamente Activa. Esto, comparado con los ingresos y canonjías de diputados —publicados en la semana— nos da una idea del país que estamos construyendo.

El Universal (14 de Junio de 2007)
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