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 Nota facilitada por: Maguie




 

LOS NIÑOS INVISIBLES, SIN NOMBRE NI PRESENCIA

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
16 de Agosto de 2007

Hay recuerdos que duelen, que laceran, pero aunque se sientan lejanos, de pronto llega el presente para gritarnos, para escupirnos que el pasado en realidad es prueba no superada.

Al menos no de una forma clara, contundente. El término usos y costumbres tan manoseado por los políticamente correctos, encierra muchas aristas.

Alejandra, niña de bronce, de origen indígena, del pueblo de Texcoco. Miembro de una familia de 5 hermanos, a quien no recuerdo jugando ni un sólo día de su entonces tierna vida, una pequeñita a la que le tocó cuidar cada día de fiesta a sus hermanos menores. Su madre, mujer recia, educada para soportar en silencio. Su padre, macho mexicano, aunque buen hombre. Visto desde este contexto, incapaz de ayudar en las tareas del hogar.

Ni rebeldía por la infancia perdida de Alejandra, pues su mal tino de haber nacido mujer la obligaba a ser sirvienta y no hermana, esclava y no niña. Esto viene al caso, pues de acuerdo con el Registro Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación (Segob), nos enteramos de una cifra escalofriante: un millón de niños en México no han sido registrados, y de estos, 70% son féminas.

Estos niños que algún día serán adultos, y que no gozan de poder para exigir sus derechos ni para cumplir obligaciones. Niños sin poder inscribirse en una escuela privada o pública, pues al no contar con un acta de nacimiento ¡no son nadie! No podrán votar ni ser votados, tampoco ser contratados para un empleo formal.

La respuesta que dan las autoridades a este triste y pavoroso suceso es el costo del acta en cuestión y la mala suerte de ser mujer, pues al fin y al cabo (dicen los padres) la hija perderá el nombre al casarse; en cambio, el hijo varón lo dará.

De esta manera, aunque en tiempo oficial, corre el año 2007 —en este México de lento arranque— seguimos en 1917. Un país que presume una juventud urbana altamente tecnificada, contra los cinturones de miseria, donde seres humanos son expuestos a la última de las humillaciones, la no existencia; sin derecho a un nombre o nacionalidad, la no pertenencia, expuestos a la explotación.

Exclusión por razones de género; dicen las autoridades. Amo ser mujer y sin embargo, me da un miedo atroz entender que lamentablemente no somos ni siquiera ciudadanos de segunda. Simplemente: no contamos.

Una pregunta, señores gobernantes: en este México, ¿cuál es la razón de su gobierno, si no es presentar de forma urgente una respuesta contundente que haga efectivo el derecho a la nacionalidad?

Un breve parpadeo: pansazo en los panamericanos y para orgullo nacional, penúltimo lugar en el informe de la OCDE en eficiencia educativa. Felicidades a Raymundo Riva Palacios por su afortunada y muy comentada entrevista a Elba Esther y también a los nuevos programas de análisis de EL UNIVERSAL y Canal 40, por su profundidad e ingenio.

El Universal (16 de Agosto de 2007)
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