Make your own free website on Tripod.com
Ir a Principal

   N O T A   

 Nota facilitada por: Rocío




 

EL RASTRO DE ISABEL PESADO
EN EL VIEJO CONTINENTE

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
11 de Octubre de 2007

En la entrega anterior, comenté que Fox prefirió la frivolidad y el escapismo a pasar a la historia. Faltó un párrafo que plantea el por qué prometió en su campaña por la presidencia cosas como:

Una comisión de la verdad para deslindar responsabilidades sobre varias acciones gubernamentales del pasado, entre ellas la del movimiento estudiantil del 68, y terminó creando una fiscalía que se perdió en las veredas y riachuelos jurídicos y en la corrupción.

Además, en la columna pasada, dentro del párrafo Un breve parpadeo, no apareció la parte final que felicita a todos los trabajadores y dueños del pasado y del presente, del “periódico joven… a los 91 años, por este trascendente aniversario. Además, una efusivo abrazo al Presidente y Director General de EL UNIVERSAL por el reconocimiento que recién recibió.

En otros asuntos, indagar acerca de las importantes obras de mujeres que nacieron en tiempos difíciles para su desenvolvimiento es la confirmación de una grata verdad: no siempre dependieron de vivir atrás de un gran hombre. Pasaron a la historia por sus propios méritos, por sus acciones.

Recordamos en El ombligo de Venus a Leona Vicario y a Josefa Ortiz; también nos recreamos con el valioso trabajo escrito que nos legaron mujeres extranjeras que visitaron México en el siglo XIX y principios del XX. Entonces, echemos ahora un vistazo al París del siglo XIX, con una mexicana.

El poeta José Joaquín Pesado y su esposa, María de la Luz de la Llave, trajeron al mundo a la ilustre mexicana Isabel Pesado en 1832. Ella enriqueció su espíritu al convivir con poetas que hacían sus primeras experiencias en las letras, pues a su padre le gustaba organizar tertulias con esos artistas de la inspiración.

El obispo Montes de Oca habla de su experiencia en una de esas noches “Reunía este poeta en su casa a todos los jóvenes que cultivaban las musas, o eran aficionados a las letras y a las artes. Sus hijas atraían a los jóvenes con su hermosura, su talento, su amabilidad y exquisito trato. El deseo de agradar a las damas hacía que los aspirantes a poetas pulieran sus versos; y la amable severidad con que Pesado, maestro de todos, censuraba los más leves defectos, hacía que se esmerasen en corregirlos o limarlos… “.

Isabel Pesado contrae matrimonio con Antonio Mier de Celis, hombre de gran fortuna económica, que entre otras cosas, fue presidente fundador del Banco Nacional de México. Porfirio Díaz le encomendó diversas tareas diplomáticas en el Viejo Continente. Deja de existir en 1912 y hereda sus cuantiosos bienes a la beneficencia. De ahí nace la Fundación Mier y Pesado, dedicada fundamentalmente a los ancianos y a los infantes.

Dos tías entrañables, Carmen y Con, mujeres que se abrieron paso por la vida en base a su propio esfuerzo, que disfrutan sus logros y su benevolencia, adquirieron invaluables herramientas para su vida profesional en la Fundación Mier y Pesado. La recuerdan con enorme gratitud y cariño.

En 1870, a bordo del vapor La France, Isabel Pesado emprendió su aventura por Europa; dejemos que nos fascine con su narrativa:

“Este viaje lo emprendimos para que me repusiera de una grave enfermedad que me condujo a las puertas del sepulcro, hundiéndome en la más negra tristeza… De México a Veracruz, nada notable hubo en el camino: malas posadas y todas las molestias consiguientes a la escasez de comodidades… A poca distancia del muelle, inmóvil como un fantasma, anclaba el vapor que iba a ser mi morada durante algunos días: al descubrirlo, una angustia mortal oprimió mi pecho y ahogué mis lágrimas, por no apenar a los otros.

… A las siete de la mañana tomamos el ferrocarril, con dirección a París… una de las ciudades más industriales y ricas del mundo: 2 millones 400 mil habitantes. En las estaciones que hay en el tránsito, de alguna importancia, hay gabinetes de toilette para señoras. Por lavarme las manos me cobraron un franco, pero lo di por bien empleado, porque todo está aseado… Antes de alcanzar la ciudad, se divisa el Palacio de Versalles, con sus avenidas de árboles, gran estanque, juegos de agua y lindos jardines. Fuera de la ciudad, hay aldeas de lavanderas, que ponen a blanquear la ropa suspendida en una cuerdas, que con el movimiento del aire parecen a lo lejos palomas que vuelan, haciendo buen efecto…

… En este hotel (Grande Hotel), se halla cuanto se puede necesitar para la vida, sin tener que buscarlo fuera. Todo el día llaman a las puertas de las piezas, sastres, modistas, costureras, zapateros, etcétera, de manera que se puede uno habilitar de cuanto desee, corriendo el riesgo de ser engañado y, creyendo estar a la moda, presentarse ridículo.

París es una de las primeras ciudades del mundo, con sus magníficos edificios, paseos, calles aseadas y grande animación. Sus iglesias, teatros y edificios públicos, en su mayor parte son notables. El arte y el lujo se ostentan en todo su esplendor. Esto que digo, me ha parecido a primera vista…

… Cuando la carrera comenzaba, que se componía de diez a catorce jinetes, vestidos con una blusa, pantalón y casquete de vivos y distintos colores, los circunstantes hacían sus apuestas, según el conocimiento que cada uno tenía de los caballos, y era tal la algazara que metían… Se levantaban las señoras de sus asientos, subiendo sobre ellos, pues hacen poco más o menos lo mismo que los hombres (aunque) hacen allí una exposición de trajes y sombreros, en general de buen gusto…

…Lo que es risible son nuestros compatriotas y los de otras repúblicas de América, cuando les da por afrancesados; la hermosa lengua castellana les parece vulgar, fingen olvidarla y sólo quieren hablar francés, aunque lo hablen mal y lo pronuncien peor, yo no me declaro perito para juzgarlos, pero lo que digo es a juicio de los franceses mismos; en ciertas costumbres quieren ser también sus fieles imitadores… “

De lectura dinámica, gran manejo del lenguaje, Isabel generaliza en exceso su descripción de la ciudad para dar paso a los pormenores de las costumbres y detalles de la gente adinerada. De esta cotidianidad que muchas veces se ignora. Los versos también formaron parte de la obra de Isabel; dedicó varios al bosque de Chapultepec

Un breve parpadeo: estuvieron al borde de la guerra por diferendos territoriales; para bien de todos y sobre todo, de sus habitantes, Nicaragua y Honduras decidieron acatar la resolución de la Corte Internacional de la Haya y ahora brindan en y por la paz.

El Universal (11 de Octubre de 2007)
    H O M E P A G E