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 Nota facilitada por: Jessy




 

EL DÍA DE MUERTOS ENTRE LOS PURÉPECHAS

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
01 de Noviembre de 2007

Los tlaxcaltecas y los purépechas no fueron doblegados militarmente por los aztecas. Aún así, poco sabemos de ellos, resultan un misterio para la gente común y corriente.

Ello se debe a que la educación básica en el país dedica escasas líneas a esas civilizaciones. La interpretación, la visión de la historia de forma centrista, no sólo es a favor de los europeos, sino también en torno a los aztecas.

Con motivo de la festividad del Día de Muertos, me gustaría compartir algo acerca de los purépechas, cultura que se desarrolló en la parte occidente de Mesoamérica.

Se les conoce con el nombre de tarascos debido a que Calzontzin último rey (nombre que tomó Rius para uno de los personajes de sus historietas) de esa nación y la corte obsequiaron a los conquistadores españoles con sus hijas y los llamaron “tarascos”, voz que más o menos corresponde a ”yerno”.

El nombre Michoacán parece venir de los primeros pobladores de la zona; los michuauqes o habitantes del lugar del pescado.

Allá por Zacapu, alrededor del lago de Pátzcuaro, se establecieron las ciudades de Tzintzuntzán, Ihuatzio y Pátzcuaro. Sierra, valle y lago se combinaron para albergar a los artistas, guerreros y laboriosos purépechas. Fueron famosos por sus maravillosos mosaicos elaborados con plumas y por sus pipas de barro o arcilla, claro, sin olvidar la metalurgia, hoy en día el cobre es un mudo testigo de su magnificencia. En Tzintzuntzán encontramos edificaciones con una parte rectangular y otra circular; las yácatas, combinación espléndida y única, entre otras atracciones arqueológicas ¡Vale la pena disfrutar esta zona!

Los españoles sólo pudieron derrotar a los purépechas hasta el año 1522. El mando de las tropas europeas lo tuvo Cristóbal de Olid. Vale la pena recalcar que el avance económico, cultural y militar entre los purépechas y aztecas era similar.

Para los tarascos existían dioses del norte y del sur. Los del norte eran los primogénitos, algo así como las almas de los antepasados. A estos diariamente se les ponía en las puertas de las casas una taza de pulque, tamales y pan.

Dividían al universo en tres partes: el cielo, la tierra y el mundo de los muertos. Suponían que el lugar de los muertos era uno de deleites, ahí predominaba la negrura y llevaba por nombre Pátzcuaro (“donde se tiñe de negro”).

La región de Pátzcuaro se dividía en cinco, cada una con sus deidades y mitos.

La fiesta del canto de los huesos, la Hunisperácuaro, era la que se hacía en honor a los muertos.

Los cuerpos de los finados se adornaban con huesos de pescado blanco, cascabeles de oro en las piernas, turquesas en las muñecas y cuello, brazaletes y orejeras de oro, así como un bezote de turquesas. Los acostaban sobre mantas de colores y luego los cubrían con plumas largas, colocando a un lado su arco y flecha. Al igual que los tlatoanis aztecas, los canzoncis eran acompañados por ayudantes y mujeres en el trance al más allá.

El entierro de un difunto prominente o poderoso tenía un lujo notable.

Los purépechas creían que el lago y la ciudad de Pátzcuaro eran la entrada al reino de los muertos. El dios principal de Pátzcuaro era Curicaueri, dios azul de las aguas, guardián del paraíso. Todo esto dio origen a muchos y admirables ritos, muchos de los cuales todavía se practican hoy en día, con influencia cristiana.

La celebración del Día de Muertos empieza el 28 de octubre y termina el 2 de noviembre. El 28 se recibe a las almas del limbo y a los seres muertos por accidente y a los que tienen menos de un año de haber dejado este mundo. El 31 se prepara la canasta con lo que se llevará al panteón de Janitzio.

El 1 de noviembre se honra a los muertos niños o angelitos. El 2, las campanas del templo reciben a los muertos adultos. Casas adornadas, ofrendas, manteles, las sombras de Mintzita, hija del rey Tzintzicho, y de Itzihuapa, príncipe heredero de Janitzio, cuya boda su frustró con la conquista, velas, flores de cempasúchil, altares, papeles de colores, fe, devoción, música, comida, convivencia con los muertos.

Esto y más se combina, en medio de un misticismo profundo, para celebrar a los muertos, a los antepasados, a las raíces, a la trascendencia, a lo desconocido, a los ritos ancestrales, a aferrarse a la cultura, a la identidad con la comunidad, con la familia, y quizá no falte el tinte político y de protesta, además del turisteo, que narra sin comprender lo visto, que suplanta la espiritualidad por la romería.

En la antigua capital tarasca, Tzintzuntzán, se ponen cirios con flores y comida en las tumbas de los seres queridos. En Jarácuaro varios danzantes bailan en honor de los muertos, mientras el pueblo prepara ofrendas para llevarlas al panteón. El dos, las ofrendas se retiran de las tumbas para repartirlas entre los que asisten a la iglesia.

Con esta reflexión podemos comprender con mayor facilidad el por qué de la fama de la celebración del Día de Muertos en Janitzio.

Un breve parpadeo: ¡Bienvenida!, una mujer gobernará Argentina, ganó las elecciones con amplio margen. Lo inédito, el segundo lugar en las elecciones también lo ocupó una mujer. Lo preocupante; nos acercamos a las dictaduras familiares, Estados Unidos de Norteamérica, México, han sido intentos; en Argentina ya sucedió, en política, los intereses mandan. Ojalá no termine en desastre el mandato popular.

El Universal (01 de Noviembre de 2007)
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