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 Nota facilitada por: Jessy




 

LAS PEQUEÑAS VICTORIAS PUEDEN
CAMBIAR EL RUMBO

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
24 de Enero de 2008

México es un agitado despertar al prometedor 2008. Año de Olimpiadas donde cada país sumará esperanzas, medallero en juventudes preparadas con deseo, vigor, corazón.

Sin embargo para nosotros, según palabras del “Tibio” Muñoz, son sólo un escalón en la ruta hacia las de 2012.

México sacrifica lo insacrificable. “La saeta de Sonora” como le gusta que le llamen, se crispa y dignamente —y un poco mal hablada— nos deja.

La corrupción y la burocracia la rebasan. Denuncia: el viernes 18 de enero sale una delegación de 18 funcionarios deportivos a China, sí, con todo pagado y trato VIP que no reciben nuestros atletas. Éstas y otras injusticias la colman.

Ana Guevara —nos dice Ciro Gómez Leyva— no leyó el excelente artículo de Gabriel Zaid sobre la fama, donde afirma que la economía y realidad del protagonismo no dependen únicamente de los protagonistas, sino de poderosas fuerzas y finalmente, de las modas y el capricho del público. Seguro es el mismo que tampoco leyó la periodista Carmen Aristegui.

Como bien dice: México ya no es el mismo, ya no se conmueve igual ni con los sacrificios ejemplares ni con las victorias morales. Sí, perdimos la sensibilidad que vuelve a la acción digna, entrañable, admirable.

Hemos perdido credulidad frente a los héroes, esa corrupción por la que Ana se sacrifica, mientras que sus detractores la crucifican.

A muchos nos queda claro: era más fácil aceptar el cargo propuesto por Carlos Hermosillo que armar toda esta supuesta farsa.

Le creo cuando habla de su esfuerzo, cuando nos cuestiona si sabemos lo que significa estar en el top 10 mundial. La paradoja de ser la número uno y no haber ganado el oro olímpico.

Ana no es de Ana, para su suerte o desventura, nos pertenece a todos los mexicanos. A las mujeres especialmente, pues su lucha no ha sido sólo por una medalla sino por el derecho a ser simplemente un individuo, un ser digno.

Sus aciertos, triunfos, fracasos o tropiezos nos pertenecen porque nos identificamos con esta mujer de acero. Porque la mayoría de los mortales nos sentimos desamparados frente a los poderes fácticos. Porque lo estamos. Porque las leyes, llámense deportivas, laborales, sindicales, no tienen sentido si no se ejercen.

Porque Juan Camilo Mouriño, Germán Martínez, César Nava y Ernesto Cordero tendrán que demostrar que son algo más que hombres preparados y cercanos al primer mandatario.

Tienen en sus manos la oportunidad de ejercer con sabiduría su juventud y jugársela por un país en que 55% de los ciudadanos son menores de 25 años. Donde, según datos del INEGI, hay una tasa de desempleo de 3.72%. ¡Que sí, que son capaces de jugársela por México y no sólo por su partido!

Porque aunque las victorias morales pierdan fuerza, no han perdido sentido para muchos ciudadanos que sueñan que puede haber cambios. Tres horas de fuego cruzado frente a un jardín de niños nos tienen que conmover hasta la médula.

Porque en el fondo todos queremos ser héroes (no por nada el gran éxito de la serie con el mismo nombre cuya segunda temporada se estrenó la semana pasada)

Porque no deja de ser significativo que en menos de 15 días ha habido dos hechos capaces de movilizar a la opinión pública en favor de sus protagonistas, y junto con Lydia Cacho, éstas son mujeres. Porque al final del día (y esto se ha dicho en esta columna) tenemos que construir el país que merecen nuestros hijos, y para eso hacen falta muchas, muchas victorias morales.

Un breve parpadeo: Esta columna está feliz y agradecida en su primer año de vida.

Un brevísimo parpadeo: La invitación a que vayan y gocen de la espectacular instalación de Gregory Colbert en el corazón de nuestra capital.

El Universal (24 de Enero de 2008)
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