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APROVECHEMOS ESTA SEMANA DE
REFLEXIÓN Y CONMEMORACIONES

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
20 de Marzo de 2008

¡Qué semana! Lo más obvio es que corre el periodo vacacional del que disfrutamos. Sin embargo, vale la pena detenernos un poco para deshebrar un motivo de reflexión.

En la Semana Santa —días de guarda espiritual para las personas que profesan la religión católica— que en este año to-ca ser recordada en marzo, recapitulemos con otros sucesos dignos de ser tomados en cuenta.

El 17 de marzo de 1821 se da a conocer el Plan de Iguala, instrumento político-jurídico con el cual se declara la Independencia de México y se propone la monarquía constitucional para gobernar al naciente país.

El proceso culminará con la entrada de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero al frente del Ejército Trigarante a la ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821.

Después de un intento fallido por parte de Álvaro Obregón, el presidente Lázaro Cárdenas del Río nacionaliza la industria petrolera el 18 de marzo de 1938. Por cierto que una testigo viviente del trascendente paso, fue doña Amalia Solórzano, esposa de don Lázaro, mujer con actividad propia en la historia del país y que espera ser reconocida.

La nacionalización del petróleo y de su industria tiene altibajos, pero nadie duda que en muchos momentos ha sido clave para que la economía del país no naufrague o para darle un impulso “extra”. Me parece que antes de hablar sobre privatizar total o parcialmente la industria petrolera, debemos solucionar ¡ya! el saqueo externo e interno a que es sometido Pemex, del cual todos conocemos y que significan millones de pesos en pérdidas para el país y en ganancias para bolsillos privados.

Falta voluntad política pues los males ahí están, todos los sabemos. Una vez evitadas las fugas en dinero por robo en especie, corrupción, malos manejos y pésima administración, peculados, canonjías sindica-les, succión fiscal, triangulaciones para financiar campañas, entre otras irregularidades y tendríamos que analizar experiencias anteriores de privatización como la de Argentina, y establecer un proyecto de país, aprobado por la mayoría de los mexicanos.

Entonces y sólo entonces, con sólidos fundamentos, con certeza del futuro, estaríamos en la posibilidad de discutir y aprobar el Pemex que queremos. No hacerlo así será un parche más en el híbrido, en el disonante mosaico de país que pretende construir la partidocracia.

Que este 18 de marzo nos recuerde que estamos en un teotlalco; en tierra de Dios. Rodeados de riquezas, las cuales tenemos la sabiduría de aprovechar cuando las condiciones están dadas.

En aquella fecha, el mexicano con ingenio, industrioso, trabajador, estimulado por una decisión histórica de la cual fue partícipe, evitó la paralización en la operación de la industria petrolera, cuyos secretos tecnológicos estaban en manos de extranjeros. Y no sólo eso, impulsó un Pemex a la altura de las mejores compañías petroleras del mundo.

En otra fecha a recordar, el 20 de maro de 1911, nació un mexicano pionero en ser distinguido con un solemne y reconocidísimo galardón mundial por méritos en favor de la paz.

Diplomático serio y en serio; secretario de Relaciones Exteriores y embajador de México ante la Organización de las Naciones Unidas, impulsor de la proscripción de armas nucleares en América Latina, esfuerzo hecho realidad con la firma de la mayoría de las naciones durante 1967 gracias a sus interminables e incansables gestiones, del documento conocido como Tratado de Tlatelolco.

A esta inteligente faena y diligencia se debe en gran parte que América Latina no tenga en sus haberes esa clase de armamento y el prestigio de un liderazgo de México ante el mundo, que desafortunadamente hemos cedido innecesariamente.

Me refiero al primer Premio Nobel mexicano (en 1982); don Alfonso García Robles, originario de Zamora, Michoacán. Nuestro gran homenaje: evitar el olvido.

El 21 de marzo celebramos el natalicio de don Benito Juárez ¿Qué no se ha dicho de él? La suerte acompañó a este hombre íntegro, de principios, pues quizá, el negro en el arroz de su vida, para unos y una manera inteligente para no ser devorados por la potencia, para otros, el Tratado McLane-Ocampo (que otorgaba derecho de tránsito por el Istmo de Tehuantepec a los vecinos del norte) no fue ratificado por el senado de Estados Unidos de Norteamérica en virtud de que los estados del norte previeron que en una guerra de secesión eso le daría ventaja a los estados del sur.

Imaginen qué lugar le daría la historia de bronce mexicana al estadista Benito Juárez de haber funcionado el tratado. No lo sabemos, ni lo sabremos, ya que la historia no se escribe sobre supuestos, de lo que podemos estar seguros, es que después de ese intento, Benito Juárez no volvió a emprender acción semejante. El presente de los mexicanos añora un presiden-te, un líder de su estatura, de su dignidad, de su seguridad y fortaleza.

La Semana Santa con sus ricas, místicas y expresivas tradiciones: los adornos en las calles de color blanco y morado, el Domingo de Ramos, la festividad del Sacromonte, el lavado de pies, la celebración de la última cena, la visita de las 7 casas, las ferias, el Viernes de Dolores, la reflexión del Sábado Santo, las procesiones y Vía Crucis, la quema del Judas, la Resurrección y varias más, que además se compartían con la familia ampliada, nos daban la oportunidad de ver al tío, a la abuelita, a la prima. Estos usos desaparecen inexorablemente y dan paso al hedonismo, al “reventón” en la playa, al esparcimiento. Ni modo, símbolo de los tiempos.

Un breve parpadeo: un 17 de marzo, en este caso durante 1992, una de las grandes vergüenzas en la historia de la humanidad tiene su fin. En Sudáfrica se vota en favor de la eliminación del Apartheid. Rindamos tributo a las víctimas de ese inmundo sistema con una actitud de equidad hacia todos los seres que nos rodean.

El Universal (20 de Marzo de 2008)
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