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 Nota facilitada por: Jessy




 

MUJER, PROTAGONISTA DE LA INDEPENDENCIA

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
03 de Abril de 2008

El Partido Lírico de la Izquierda Suspirante (PLIS) se une a los demás mexicanos que no están de acuerdo con la medida que paraliza el sistema educativo nacional básico el último viernes de cada mes.

Son 10 días de estudio tirados a la basura —digan lo que digan sus promotores—. Así que el PLIS propone que esos preciados viernes, se imparta a nuestros infantes educación sobre la materia de los derechos humanos y se les sensibilice sobre el cómo convivir con los discapacitados, pues no son mexicanos de segunda.

ENTREMOS EN LA MATERIA DE ESTA SEMANA. Como Teteoinnan (diosa de la mitología nahoa cuyo origen no es celestial, sino terrestre, hija de un régulo o señor de Colhuacan, deificada por orden de Huitzilopochtli a través de un horrendo sacrificio), hemos conocido varias mujeres distinguidas por su inteligencia, sapiencia, dignidad y arrojadas acciones —aun a costa de sus intereses, de su vida o la de sus seres queridos—, protagonistas del proceso armado de la Revolución Mexicana. También nos adentramos en la vida política de Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario.

A todas ellas, quizá por ser mujeres, se les ha relegado prácticamente al anonimato o a la simple mención.

Por eso puede ser interesante conocer juntos a Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín. Se calcula que nació alrededor del año de 1790. Ella fue la principal organizadora —en abril de 1811— de una conspiración en la ciudad de México para promover la independencia del país. En la mansión de Manuel Lazarín, su esposo, dueño de una mina, se llevaban a cabo tertulias para discutir la dependencia hacia la corona española.

En una de estas reuniones —tardísimo, como a las 20:30—, se escucharon las campanas de Catedral y una salva de artillería. Impactados, conocieron la noticia de la captura del cura Hidalgo junto con otros líderes del movimiento. La opinión más demoledora y radical la externó Mariana Rodríguez del Toro:

—¿Qué es esto, señores? ¿Qué? ¿Ya no hay hombres en América aparte de los generales que han caído prisioneros?

—¿Pues, qué hacer? preguntaron los hombres.

—¡Libertar a los prisioneros!

—¿Pero cómo?

—De la manera más sencilla: ¡apoderarse del virrey en el paseo y ahorcarlo!

Así nació para la historia la conspiración del año 11. Los participantes acordaron hacer prisionero al virrey y presentarlo ante Ignacio López Rayón, quien presidía la Suprema Junta Insurgente.

Mariana fue una mujer activa y clave en la organización de la conspiración, incluso tenía que ver en la parte militar.

El plan consistía en secuestrar al virrey con el objeto de negociar la libertad de los insurgentes a cambio de la suya. Mariana, auxiliada por dos de sus cuñados con profesión militar, convenció a dos oficiales del ejército realista que estaban acampados en el Paseo de Bucareli para que se coludieran. El virrey Venegas acudía a ese paseo cada tarde y el día convenido, a una señal, se proclamaría la independencia y se apoderarían del gobernante.

Un conspirador, José María Gallardo, considerando que podía morir en la faena, decidió hacer valer su derecho a la confesión. Un ministro del culto católico, de apellido Camargo, decidió romper el secreto de confesión y delató al conjurado; éste a su vez, en prisión, delató el nombre de todos los que junto con él fraguaban el golpe. El matrimonio Lazarín salió en libertad hasta 1820.

Al parecer Mariana Rodríguez del Toro murió en 1821, y hoy sus méritos y sus sacrificios son casi desconocidos.

Luis González Obregón, prestigiado historiador mexicano, es de los pocos que se precia de comentar la participación de la mujer en la gesta de independencia: “Durante la guerra de insurrección, las mujeres mexicanas recorrieron nuestras ciudades y campos de batalla, como diosas protectoras, ya anunciando el génesis de nuestra independencia, ya avivando con su amor un amor más grande y santo; ora sorprendiendo con hazañas que rayaron en lo fabuloso, ora derramando su sangre, no contentas con haber ofrecido la de sus hijos”.

Otras mujeres ofrendaron su inteligencia, bienes, tranquilidad, familia y hasta la vida, con tal de formar un nuevo país, entre ellas: Manuela Medina, María Fermina Rivera, María Herrera, María Tomasa Esteves, Luisa Martínez, Rafaela López Aguado.

Por cierto, en el periodo de la historia que nos ocupa, el ejército insurgente se abstuvo de fusilar a mujeres; los realistas sí lo hicieron.

Un breve parpadeo: la izquierda aglutinada en el Partido de la Revolución Democrática, parece no tener una clara idea de la institucionalidad y de la disciplina en torno a las reglas democráticas establecidas para resolver sus procesos internos. Han perdido la gran oportunidad de demostrarnos que son capaces de conducir al país.

El Universal (03 de Abril de 2008)
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