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 Nota facilitada por: Jessy




 

SECUESTRO, SUCESO COMÚN E HISTÓRICO

El ombligo de Venus
Edith González Fuentes
17 de Abril de 2008

“Contaban siempre con muchos cómplices y emisarios dentro de las poblaciones…

“...las pobres autoridades, acobardadas por falta de defensa, se veían obligadas a entrar en transacciones con ellos.

Los bandidos envalentonados… se habían organizado en grandes partidas y así recorrían impunemente toda la comarca… poniendo en práctica todos los días el secuestro de personas, a quienes no soltaban sino mediante un fuerte rescate. Este crimen fue introducido en nuestro país por el español Cobos, jefe clerical de espantosa nombradía y que pagó al fin sus fechorías en el suplicio.”

Parece un texto de un lustro de antigüedad. Con todo respeto comparto contigo que data del siglo XIX, y lo encontrarás en El Zarco, novela de Ignacio Manuel Altamirano.

Parece que fue ayer, parece que fue hoy, parece que sucederá mañana.

La fiesta de los juegos olímpicos está cerca. Nadie duda que la comercialización de éstos cambió su espíritu: de espacio para gestas deportivas a negocio multimillonario; de signo de sacrificio por el simple hecho de participar, a dependencia de patrocinadores voraces; de orgullo personal a guerra ideológica de países; de la plasticidad deportiva a la fuerza medida por la tecnología. Así los gozamos, así admiramos las gestas.

Por cierto, en este vericueto me vino a la mente: ¿Quién sería la primera mujer mexicana en colgar una medalla olímpica en su cuello?

Fue en un deporte que no atrae mucho a nuestros compatriotas: esgrima; arte de defensa y ataque con espada, florete o arma similar.

¿El nombre de la atleta? Pilar Roldán Tapia

Su papá, Ángel Roldán, un excelente médico, formó parte de la selección nacional de Copa Davis en 1934. María Tapia, su madre, obtuvo tres medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador, en 1935, y dos en los de 1954; fue campeona nacional en singles y mixtos.

Su preferencia por la esgrima nació después de leer al clásico y de ver la película Los Tres Mosqueteros.

Sus padres comprendieron la afición e instalaron lo necesario para los entrenamientos de Pilar, es más, su papá entrenaba con ella. ¿Cuántos padres harán algo similar? La suerte también puso su grano de arena. Por aquel entonces el italiano Eduardo Alajino, un reconocido maestro de esgrima, decidió radicar en México y Pilar fue de sus primeras alumnas.

Por cierto, en los juegos Panamericanos de 1955 sucedió algo insólito. En el contingente mexicano, encabezado por el clavadista y medalla de oro olímpico Joaquín Capilla, marchó en el estadio de Ciudad Universitaria ¡una familia! Sí, participaron María Tapia, el padre de Pilar en la disciplina de esgrima y por supuesto, la quinceañera Pilar Roldán. Muy pocos años después su hermana Lourdes se unió al contingente.

Pilar participó en la olimpiada de Melbourne y llegó a semifinales “… a mí me divertía competir, no buscaba sólo el triunfo.” En esta justa venció en un asalto a la ganadora del oro, la inglesa Lillian Scheen.

En la olimpiada de Roma 1960 mejoró, quedó dentro de las ocho mejores del mundo. “Una reflexión posterior me hizo comprender que era necesario fijarme una meta más alta. Me faltó buscar la medalla.”

Entre 1963 y 64 Pilar recibió tres noticias: dos excelentes, nació su hija Ingrid y el Comité Olímpico Internacional anunció la sede de los juegos olímpicos de 1968: ¡México! Y la restante, pésima, no la incluyeron para la justa en Tokio 1964.

Un breve parpadeo: el tema de la autonomía indígena ha sido discutido en México, sin atrevernos a enfrentarlo y darle solución definitiva. Ahora tendremos el ejemplo en Bolivia que la ha reconocido. Valdrá la pena darle seguimiento.

El Universal (17 de Abril de 2008)
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